El campo no siempre avisa, pero siempre responde a las decisiones bien tomadas.
Todo ciclo agrícola se planea bajo ciertos supuestos: fechas, temperaturas, humedad, precios y comportamiento del cultivo. Pero casi ningún ciclo ocurre exactamente como se planeó. Y no porque el productor haya hecho algo mal, sino porque el campo —como el mercado— es dinámico y rara vez sigue un guión perfecto. Cuando el escenario cambia, el reto no es rehacer todo el plan, sino decidir qué ajustes realmente valen la pena. En ese punto, el calendario deja de ser la mejor referencia y el cultivo se convierte en la principal fuente de información: lo que muestra en campo, cómo responde y hasta dónde todavía puede avanzar. Ahí es donde el acompañamiento técnico cobra valor . No para reaccionar a cada variación del ciclo, sino para ayudar a ordenar decisiones . Un buen criterio técnico permite identificar qué prácticas aún pueden generar respuesta, cuáles solo incrementan costos y en qué momentos conviene enfocar la inversión para proteger el potencial que ya se ha construido. Más q...